Olimpíadas para todo gusto


Una de las mayores virtudes que puede adornar a un ser humano es reconocer sus limitaciones y debilidades. En ese sentido, hoy hago el ejercicio de asumir mi cuota con responsabilidad y confesar que soy totalmente inexperta en lo concerniente al tema deportes.

Así que desde el viernes pasado hasta el próximo 12 de agosto, como la gran mayoría de los mortales hago mi tarea para manejar con habilidad el tema “in”: Los Juegos Olímpicos Londres 2012.


Indudablemente la vistosa ceremonia inaugural a cargo del director de cine Danny Boyle, con sus efectos hollywoodenses logró llamar la atención del mundo y perpetuar a la reina Isabel II como la original chica Bond, al superar en términos de audiencia la transmisión de Beijing 2008, aunque quizás no en la espectacularidad de la puesta en escena, un punto que aun está en discusión.

Desde entonces hemos permanecido muy pendientes a las transmisiones, especialmente a los deportistas- celebrity, quienes se lucen como héroes en su rol de máxima representación de sus compañeros ante los ojos del mundo. Especies irrepetibles como David Beckham, Novak Djokovic, Ryan Lochte, Iván Pastor o James Magnussen.

Entre otros menos agraciados fisicamente pero igualmente vitoreados porque hay olimpíadas para todo gusto. ¡¡¡¡Hurra!!!

Disfrutemos como niños con nuestros “pequeños adultos”

Entre usted y yo, como escribía en mi columna anterior, eso de las hadas madrinas y las varitas mágicas ya no sucede con la frecuencia como creíamos se resolvían las cosas en nuestra niñez, con nuestra escaza percepción de la realidad propia de la edad temprana. Recientemente leí que estamos viviendo el verano más largo desde hace algunos siglos; los expertos en medir el tiempo han avisado, además, que esta será una temporada de 93 excesivamente calurosos días.

Así que hay que mantener la calma, procurar la frescura y tocar lo menos posible el botoncito del estrés.

Durante estas vacaciones escolares, lo sensato es que los padres asuman su rol a plenitud y que, como tutores responsables, se encarguen de mantener a sus hijos en constante ocupación y, por supuesto, monitoreo; no se trata de dejarlos solos entretenidos jugando con la consola y el televisor… se trata de acercarse a ellos todo lo que podamos. Saber lo que desean y cómo piensan, eso te hace literalmente padre. Cuando tienes conocimiento de causa estás en control, así que a velar porque nada se nos escape respecto a los chicos.

Aprovechemos este tiempo de vacaciones con los hijos en la casa para integrarlos a nuestra rutina y que conozcan el esfuerzo que hacemos los padres para ofrecerles lo mejor; y de nuestro compromiso a largo plazo por garantizar que su bienestar se mantenga en todos los sentidos.

Durante estos días de vacaciones, organicemos los horarios en casa para coincidir y almorzar o cenar con nuestros hijos, crear en ellos un hábito de respeto por el tiempo que debemos dedicar a la familia y que esos minutos sentados a la mesa nos sirvan para abrir aun más el canal de comunicación que, muchas veces, por culpa de la prisa diaria, se va deteriorando o, sencillamente, deja de existir. Es tan importante como sabroso enterarnos de lo que hacen y lo que les gusta a nuestros muchachos a través de ellos mismos, en lugar de que sean terceros los mensajeros, esos que, sin pretender desacreditarlos, pero tienen la fama de nunca contar las cosas tal cual son.

Los padres y madres debemos estar conscientes de que no todo lo paga el dinero, pues quizás sea mucho más fácil mandar a nuestros hijos de campamento y probablemente sea lo que más disfruten los muchachos, aunque no necesariamente resulte la lección más productiva que les quede del verano.

Les exhorto a que estas semanas que restan de las vacaciones escolares seamos creativos al momento de invertir el tiempo padres/hijos, para que el mismo no sea perdido. Encontremos la manera de acortar la brecha generacional y sepamos encontrar el punto medio que nos permita divertirnos como niños junto a esos jovencitos que ya se creen adultos.

Para nuestros hijos, cualquier fracción de hora que los padres dedicamos a hacer alguna actividad que les llame la atención, es el mundo! No nos compliquemos rebuscando opciones para compartir, hasta hacer una diligencia de rutina que nos permita conversar durante el camino, pedir permiso en el trabajo para llevarlos a que nos acompañen un día en rango de “asistente” o planificar un viaje familiar…

cualquiera de estas opciones es valida como sugerencia siempre que el móvil sea interactuar y sacarle a ese tiempo la más provechosa experiencia, priorizando a los hijos y sus necesidades.

Los invito a que hagamos el ejercicio desde hoy. Procuremos ser padres de nuestros hijos.

Asumamos la crianza como un todo y ya veremos que buen resultado obtendremos. Hay momentos que al pasar jamás se recuperan; que las vivencias junto a nuestros hijos sean entretenidas, aleccionadoras y memorables.

Un tiempo para ganar (1)

Llegó el verano y aunque bien podría interpretarse que hablo sobre la temporada del año más calurosa, en realidad no es a esto a lo que me refiero, mis palabras son una alusión directa a las vacaciones escolares… los chicos están oficialmente en casa!!

A estas alturas no sabemos si reir de felicidad porque tendremos un descansito de casi tres meses del afan diario de los tapones a la entrada o salida de la escuela y de las tareas que por su complejidad la mayoría de las veces nos obligan a “repetir” el curso con nuestros hijos; o quizás nuestra reacción debería ser llorar… si, llorar de tristeza ante los precios descomunales que pueden alcanzar los campamentos de verano en el país, los que ya compiten en cifras con un semestre universitario de cualquier carrera, ofrézcome!!! La realidad es que los hijos estan en casa y algo hay que idear rápido para entretenerlos y disciplinarlos, en fin, para no echar por la borda el buen ritmo que hemos logrado con el afan escolar cotidiano.

Segun los resultados del Censo Nacional de Población y Vivienda 2010, realizado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), en la República Dominicana somos en total 9,445,281 de habitantes, de esta cifra especificamente 49.8% somos mujeres y 50.17% hombres.

Asumo que probablemente seamos una población mal contada, no por fallo de la entidad encargada, sino en virtud de la cantidad de personas que por desconfianza o por no estar en su vivienda al momento de la visita del censo, no abre su puerta y por tanto su existencia no queda registrada en los libros.

Pero lo que más llama mi atención es que este censo no especifica la cantidad de niños y jóvenes en etapa escolar y universitaria que tiene el país, al menos en mi rastreo de información no pude encontrar ese dato, lo cual es preocupante en sentido de destacar como una necesidad gubernamental real la aprobación del 4% del Producto Interno Bruto en beneficio de la educación, pero además, la implementación de planes que incentiven a esos jovencitos dominicanos a desarrollar sus capacidades para bien, tomando en consideración la importancia de que dentro de pocos años estos seran los propulsores de las grandes ideas y acciones que mantendrán el país a la par de las grandes naciones del mundo y no muchos pasos atrás en acelerado retroceso. En sus manos estará nuestro destino.

Entiendo que si la edad promedio registrada por las autoridades para que un joven inicie sus malas pisadas en el mundo de la delincuencia es entre los 15 y 16 años de edad, el que este muchacho(a) desvíe su camino está en gran medida en las manos de sus progenitores y en el esmero que estos pongan en la vigilancia de sus vástagos hasta la edad en la que deban soltar los amarres y permitirles volar con alas propias.

Hasta ese punto la formación de hogar y la educación acádemica ya han sentado su base en el individuo para ayudarle a discernir por si mismo entre el bien y el mal.

No dejemos todo en manos del gobierno, las varitas mágicas solo resuelven los problemas de las princesas en los cuentos de hadas.