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En más de una ocasión he compartido en esta columna mi impresión sobre la importancia del buen trato al cliente, ese trato personalizado que marca la diferencia entre un servicio y otro, convirtiéndolo en insustituible y a veces en una marca indeleble que te impulsa a regresar una y otra vez a un lugar equis por simple fidelidad de criterio.

El próximo jueves seremos partícipes del más importante evento pre nupcial del país, y probablemente de todo el Caribe. Se trata de “Dominicana Bridal Week” una feria impecablemente organizada por quien mejor podría hacerlo, Sócrates McKinney, quien ha sido mentor y guía de esta feria durante los últimos doce años, además de creador de Dominicana Moda, y ha sido evidente el crecimiento que la misma ha tenido desde su inicio.

A propósito de una celebración que por momentos me parece absurda, pues representamos el género femenino cada día del año mientras vida tenemos en el cuerpo. Pero más allá de mis razones para vivir el 8 de marzo como un día más en el calendario, entiendo y valoro que para muchos sea meritorio reconocer por un día el afán de una vida.

A todos nos pasa una y mil veces pecar etiquetando a las personas por lo que a simple vista nos parecen sin importarnos lo que en esencia puedan ser. Claro, tiempo al tiempo, si se lo diéramos con la debida paciencia, acompañado de una minuciosa observación, entonces sí apreciaríamos al ser más allá de una primera simple impresión.

Para hallar algo primero debemos perderlo. Es ahí donde inicia nuestra búsqueda, el móvil que nos impulsa y motiva a encontrar esa pieza que completa el rompecabezas, el eslabón que falta a la cadena de nuestra vida y por tanto nos impide continuar.

En La Scarpetta definitivamente cocinar y hasta comer es un arte. Sin importar que se quiera pedir todas las opciones del menú, (créanme que me he sentido tentada pues todo se lee tan delicioso) el chef con seriedad y franqueza ha dicho rotundamente que no, que es mucha comida.

Estaba sentada junto al diseñador de moda venezolano Ángel Sánchez, sosteniendo una agradable conversación, y al escucharlo hablar sobre su trabajo de pronto llega a mi mente la razón por la cual decidí ser comunicadora. Justo por la posibilidad de tener oportunidades como esta, de conocer a la gente y hurgar en sus vidas en apenas minutos, minutos que por la intensidad de una mirada pueden revelar ante un buen observador mucho más experiencias vividas que cualquier cantidad de incontables palabras expresadas.

El mes transcurre aceleradamente entre las ocupaciones propias del día a día y los ajetreos que se adhieren a la agenda gracias a la temporada Navideña. Una de las cosas que me hacen disfrutar sin igual de esta época del año, es ese momentico que siempre fabricamos en nuestro tiempo y espacio para compartirlo con la gente querida a la que quizás no vemos con la regularidad que quisiéramos.

En los detalles radica la diferencia. Esto es algo que siempre he pensado, aunque honestamente no siempre lo practico. Probablemente a muchos de ustedes les sucede lo mismo que a mi, nos falta tiempo para dedicar a las pequeñas cosas que en realidad se aprecian más y en las que menos se invierte, aunque nos escudemos en la mejor de las excusas para sentirnos menos culpable. Nuestro auto consuelo es culpar a aquel que nunca sobra: el tiempo.

El lugar de encuentro estaba definido con el tiempo recomendado por los expertos en protocolo, y muy claramente especificado, para que los amantes del buen vino y de los mejores ratos pudiéramos asistir a La Gran Cata, sin excusas. Así fue como el Garden Tent del hotel El Embajador sirvió de escenario perfecto, quienes hicieron una selección de exclusivas bodegas y, como de costumbre, confiaron el montaje del evento a Lendof & Asociados.